Palabras del canciller Miguel Vargas sobre Política Exterior de la República Dominicana y sus fuertes relaciones con Estados Unidos

Publicado el 2017-05-10 18:07:26

Señoras y Señores:

Antes que nada, quisiera agradecer su presencia en este espacio abierto por el Centro de Estudios Latinoamericanos de esta prestigiosa Universidad de Georgetown para echar un vistazo al pasado, al presente y al futuro de las relaciones entre los Estados Unidos de América y la República Dominicana, al tiempo de expresar mi aprecio porque se me haya escogido como ponente de este tema en el marco de la celebración anual de la Semana Dominicana en Estados Unidos.

Distinguidos invitados:

La historia universal registra un fenómeno desconcertante: Que el surgimiento de las naciones genera un sentimiento de paz mental, porque nos hace sentir confortables en nuestras  identidades como pueblos singulares, y al mismo tiempo produce la tensión de que es algo que tenemos que defender de otros.

 

Para conducir esa defensa, los Estados han apelado a dos instrumentos: Uno, sus fuerzas de seguridad, sus ejércitos. Y el otro es la Política Exterior y su brazo de actuación, que es la diplomacia.

 

La historia de nuestro país es un ejemplo ilustrativo.

Cuando nos declaramos como nación independiente, en el 1844, nuestra primera prioridad fue la supervivencia, la supervivencia como nación.

 Y para conseguirla, apelamos, precisamente, a esos dos instrumentos.

Reclutamos una fuerza armada a la ligera, y emprendimos acciones  diplomáticas en un esfuerzo por lograr que se nos reconociera como una nueva comunidad nacional que surgía con la aspiración de unirse al concierto de las naciones libres e independientes.

Todavía no existía el multilateralismo institucionalizado, pero ya los líderes independentistas sabían, aunque fuera por instinto, que el reconocimiento colectivo de los Estados existentes, sobre todo de los más prominentes, era una especie de escudo que garantizaba la supervivencia de las nuevas comunidades nacionales.

La República Dominicana de los inicios pasó mil y una vicisitudes, incluso la traición de algunos de sus dirigentes a los principios fundacionales en los que se asentaron las luchas que le dieron origen.

Como el hecho de negociar su anexión a España, en el 1861, apenas 17 años después de declarar su independencia.

O como el hecho de intentar su anexión a los Estados Unidos en 1869, a sólo cuatro años de que un ejército de patriotas pusiera fin en el campo de batalla a la ocupación española.

Ese fue un intento que llegó lejos – se redactó hasta el tratado de anexión, que finalmente fue derrotado en el Senado norteamericano.

Cinco décadas después, en 1916, fuerzas de la Infantería de Marina de los Estados Unidos ocuparon el país, e impusieron un gobierno militar que duró ocho años.

Y cuarenta años más tarde, en 1965, tropas militares norteamericanas estaban de vuelta avasallando la soberanía nacional.

Esos fueron los empedrados caminos históricos  por los que Estados Unidos y la República Dominicana transitaron hasta lograr construir, paso a paso, unas relaciones que en el presente los actores políticos norteamericanos califican como “sólidas, pero complejas”.  

La realidad de hoy es el resultado de los dramáticos cambios que se han ido produciendo en el mundo, con el desarrollo imparable de un proceso de globalización que nos hace a todos interdependientes.

Y, también, es resultado de los cambios en nuestro hemisferio, de una apreciación más profunda de su relevancia geopolítica, el dinámico intercambio comercial y de personas -- vía el turismo y la migración --, además de la importancia que ha adquirido la existencia de los bloques regionales.

Como derivación de esos mismos factores, han surgido desafíos que demandan acciones conjuntas de cooperación multidimensional en áreas como el narcotráfico, el crimen organizado internacional, el lavado de activos, la salud pública, la gestión de desastres naturales, la inmigración ilegal, los derechos humanos, la seguridad.

Aunque ahora mismo la cooperación en esos campos es activa y productiva, es evidente la necesidad de expandirla y fortalecerla, porque los retos todavía superan los esfuerzos que se han puesto en marcha.

Las relaciones diplomáticas de la República Dominicana con los Estados Unidos, que dentro de unos meses cumplirán 133 años, están normadas por los ejes centrales de nuestra Política Exterior:

 

La preservación de la soberanía nacional, el fortalecimiento de la nación, su riqueza material y cultural, así como su inserción positiva en la globalización. El libre comercio, la promoción de las exportaciones, la atracción de inversiones y el impulso del turismo. La reducción de la pobreza a partir de su vínculo con la seguridad alimentaria y la seguridad energética. La defensa del medio ambiente y la adaptación al cambio climático. La defensa de los derechos humanos, así como la consolidación de la democracia en un clima de paz y de justicia mundiales. Seguridad local y regional, en particular la lucha contra el narcotráfico, el trasiego de armas, y la trata de personas por grupos criminales internacionales. La defensa de los derechos de los dominicanos en el exterior.

Es, fundamentalmente, una orientación dirigida al objetivo de que nuestra Política Exterior se consolide como herramienta clave para el desarrollo.

Un desarrollo que el gobierno del Presidente Danilo Medina procura que contribuya a combatir la pobreza y a superar las desigualdades económicas y sociales que prevalecen en nuestro país.

La importancia de nuestra sociedad con los Estados Unidos es innegable.

Es nuestro principal socio comercial. Somos el principal destino de sus exportaciones en la región de Centroamérica y el Caribe, y el octavo en todo el hemisferio.

Sostenemos programas de cooperación en áreas como el combate al narcotráfico, la inmigración ilegal y en la extradición de personas buscadas por delitos relacionados con el tráfico de sustancias prohibidas, entre otros.

Además, somos recipientes de cooperación norteamericana en el área de seguridad, a través de la Iniciativa de Seguridad de la Cuenca del Caribe, que se ha enfocado en el sistema de justicia y en el apoyo a los jóvenes considerados en condición de riesgo, para reducir el comportamiento criminal y animarlos a ser miembros productivos de la sociedad.

Y Estados Unidos ha apoyado programas vinculados al cambio climático, la prevención del SIDA, el fortalecimiento de la transparencia gubernamental y nuestro exitoso sistema nacional de emergencias – el 911 – mediante la donación de equipos, el entrenamiento de personal y la expansión del sistema a varias ciudades.

Cerca de dos millones de personas de origen dominicano residen en Estados Unidos, constituyen el quinto grupo latino más numeroso en su territorio, y el Representante Adriano Espaillat hace poco se ha convertido en la primera persona de origen dominicano que es electa al Congreso estadounidense.  

Mientras que alrededor de 250, 000 norteamericanos ya tienen a la República Dominicana como su país de residencia.

Estados Unidos es nuestra mayor fuente de flujo turístico y de ingreso de divisas, provenientes de inversiones directas y de envío de remesas.

Y con él compartimos valores políticos comunes, lo que nos hace actuar frecuentemente aliados en las instituciones multilaterales en la consideración y el debate de los problemas mundiales.

Dentro de este contexto pleno de retos, la relación bilateral entre la República Dominicana y Estados Unidos debe continuar su tendencia hacia la consolidación de la cooperación y la sociedad comercial existentes. 

Aun así, consideramos que nuestra plataforma de trabajo en común requiere una reformulación de la relación, tendente a un mayor equilibro entre socios iguales, basada en el respeto mutuo.

Lo decimos, porque periódicamente surgen fricciones:

Con respecto a la calificación de la República Dominicana como puente del narcotráfico. Sobre su calificación regular y continua en materia de trata de personas. Y sobre los argumentos de los Estados Unidos en materia de derechos humanos vinculados a nuestra política migratoria.

 

El reconocimiento de que nos impulsan valores fundamentales comunes debe generar un espacio de verdadero diálogo que refleje la madurez de nuestra relación. 

Quisiéramos, por ejemplo, que los Estados Unidos se valgan en todo momento de los canales diplomáticos oficiales pertinentes, para evitar juicios públicos que no reflejen adecuadamente la complejidad de las interacciones y que puedan resultar dañinos para la imagen del país.

Estados Unidos reconoce la comunidad de intereses con la República Dominicana en cuanto a la lucha contra el trasiego de drogas por su territorio, y caracteriza como efectiva la relación con las fuerzas del orden de nuestro país en esa materia.

En paralelo con el crecimiento de esa problemática en los últimos años,  se han creado nuevos mecanismos de intercambio y de cooperación a diferentes niveles de las instituciones relevantes.

El principio de “responsabilidad compartida”, sin embargo, requiere una cooperación aún más estrecha en la elaboración de políticas y en la distribución de la inversión requerida para lograr las metas comunes. 

El DR-CAFTA, acuerdo de libre comercio vigente desde el 2007, ha resultado clave para el mercado dominicano, tanto en la creación de nuevas oportunidades como en el fortalecimiento institucional que ha requerido su ejecución.

Los años de su implementación han permitido detectar las áreas a perfeccionar, en vista de los retos que aún presenta la penetración del mercado de Estados Unidos para las empresas dominicanas.

Continúan resultando prioritarios los esfuerzos para aumentar la competitividad y reducir las barreras técnicas remanentes, pero apremia la coordinación de posiciones conjuntas en la región para enfrentar posibles arbitrariedades en la aplicación de ciertos capítulos.

Entre nuestras prioridades para el fortalecimiento de nuestra relación con los Estados Unidos figuran:

La continuación y el incremento de las actividades de promoción del país, en materia comercial, cultural y turística. La profundización de la Iniciativa de Seguridad de la Cuenca del Caribe para continuar la cooperación en temas de narcotráfico y tráfico de armas y las capacidades regionales para enfrentarlos. La protección de los derechos de los inmigrantes dominicanos. La continuación del diálogo con las autoridades estadounidenses sobre la problemática de los deportados. Existe en ocasiones opacidad sobre los expedientes criminales, y el país carece de la capacidad necesaria de re-inserción para el flujo acelerado de personas con antecedentes que responden a la realidad criminal de un país ajeno. Y aspiramos a convertirnos en interlocutor del Caribe frente a Estados Unidos en temas como los  riesgos medioambientales, las fuentes de energía no tradicional, la seguridad, el tráfico de drogas y armas, y el aumento de los intercambios comerciales y culturales. 

Sello de certificación de la A2:2016 con el NIU 14010-01-A20E10 Sello de certificación de la E1:2014 con el NIU 14010-01-E10E28
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